viernes, 24 de abril de 2015

Fernando VII 

Marcado por la mala salud borbónica y por el odio hacia sus padres, conspiró hasta ser rey de España. Abdicó ante Napoleón pero, devuelto al trono, impuso el absolutismo. Historia de sus desventuras matrimoniales. Elocuencia de una décima popular.

EL DESEADO, Y SUS MUJERES

Alberto J. Taddei / Abogado e investigador de asuntos históricos.
El 14 de octubre de 1784 nacía en El Escorial el futuro Fernando VII, el mismo al que, un lloviznoso 25 de mayo de 1810, le juraría fidelidad la Primera Junta de Buenos Aires. Su llegada trajo paz espiritual al entonces príncipe de Asturias y futuro rey, Carlos IV, y a su esposa María Luisa de Parma, ya que los cuatro hijos varones que le precedieron habían muerto en la más tierna infancia. Los otros cuatro hijos que quedaron vivos, además de Fernando, fueron:
- Carlota Joaquina (casó con Juan VI de Portugal), que fue suegra de dos de sus hermanos, Fernando VII y Carlos María Isidro.
- Carlos María Isidro, después pretendiente al trono como Carlos V y fundador del partido carlista, casado con la hija de su hermana y de Juan VI de Portugal, María Francisca.
- Francisco de Paula, casado con su sobrina Luisa Carlota (hija de su hermana María).
- María, casada con Francisco I, rey de Nápoles.
La salud de Fernando VII, como la de todos los borbones, era precaria. A los cuatro años estuvo gravemente enfermo y padeció hasta los diecinueve años de incontinencia urinaria nocturna, por lo que con harta frecuencia había que sacarlo de la cama empapado en orines.
Dos sucesos marcaron hondamente su vida. El primero de ellos fue la toma de conciencia del poder que Godoy, amante de su madre, ejercía sobre ella y su padre, ya coronado como Carlos IV; y el segundo, la decisión que tomó Godoy de nombrarle profesor a Juan de Escóiquiz sobre el que creía tener una gran influencia.
Retrato de Fernando VII (1814), de Goya. Oleo sobre lienzo.
Sin embargo, Escóiquiz —que se consideraba Richelieu— decidió hacer su propio juego y le inculcó a Fernando, que para estas cosas tenía un carácter muy receptivo, un feroz odio a sus padres y a Godoy. También aprendió a desconfiar de todos y a practicar la falsía y el disimulo. Su vida transcurrió entre el temor y la sospecha y toda la maldad que afloró en Fernando fue obra del ambicioso y retorcido Escóiquiz.
Tenía Fernando dieciocho años cuando contrajo matrimonio, el primero, con su prima hermana María Antonia. Las bodas celebradas en agosto de 1802 fueron dobles, pues también contrajeron matrimonio la hermana de Fernando, María, con el hermano de María Antonia, Francisco I, futuro rey de Nápoles.
Fernando era decididamente feo, enclenque, enfermizo, de nariz torcida y enorme, boca hundida y de su cuello emergía una descomunal nuez. No es sorprendente, entonces, que María Antonia recibiera tal desagradable impresión que no tuvo empacho en escribir a su madre contándole que, al verlo, creyó desmayarse.

Noches reales
Pese a las insinuaciones de María Antonia, que contaba unos pocos meses menos que él, transcurrió casi un año sin que el matrimonio se consumara. Todo parece indicar que Fernando padecía una impotencia pasajera además de un total desconocimiento del sexo opuesto.
Por fin, la esperada consumación tuvo lugar una noche en que mutuamente se confesaron el odio que sentían por Godoy, y que curiosamente habían callado hasta ese día. Esta confidencia de índole política parece que tuvo consecuencias eróticas de tal magnitud, que esa noche estalló la adormilada sexualidad de Fernando. Si antes María Antonia se quejaba a su madre de la nulidad que tenía por marido, ahora le confesaba que “no me lo puedo quitar de encima” y calificaba a su esposo de “auténtico fauno y macho cabrío”.

María Antonia, prima hermana y primera esposa de Fernando: de un odio compartido al amor.
La delicada salud de María Antonia se fue deteriorando. Durante un tiempo luchó contra la tuberculosis, pero finalmente, en mayo de 1806, moría en Aranjuez con sólo veintiún años.
En los diez años transcurridos entre su viudez y su segundo matrimonio ocurrieron episodios de gran trascendencia en la vida de Fernando y en la historia de España. Lanzado a conspirar contra su padre, logra que éste abdique en su favor el 19 de marzo de 1808 y consigue ascender al trono.
Fernando de Borbón y Borbón se convierte, entonces, en rey de España, aunque no “por la gracia de Dios” sino por la sedición. Su entrada en Madrid fue apoteótica, el pueblo delirante lo aclamaba pues ya tenía como rey al “Deseado”. Sin embargo poco duró la alegría. Napoleón urdió una trama que condujo a Bayona al destronado Carlos IV y al flamante rey, donde se produjo la vergonzosa renuncia de padre e hijo a la corona de España en beneficio de José Bonaparte.

María Isabel, sobrina carnal y segunda esposa del ya rey. Por ella se creó el Museo del Prado.
Mientras los días de su confinamiento transcurrían entre el billar y el primoroso arte del bordado, afición que compartía con su tío Antonio, tuvo tiempo para escribir una serie de cartas a Napoleón en las que le pedía que le concediera la mano de una princesa francesa (concretamente pensaba en Lolotte, la bella hija de Luciano Bonaparte), o le suplicaba que lo adoptara por hijo y le concediera el honor de ir a figurar en su corte. 
Sin embargo, el ocaso de la estrella napoleónica propicia el pacto de Valençay, por el que Napoleón reconocía a Fernando VII como rey de España y, en ese carácter, partió de allí el 13 de marzo de 1814 rumbo a Madrid, acompañado en todo su trayecto por el entusiasta fervor popular. Aunque no había participado en la lucha, se había convertido en el símbolo supremo de la victoria.
“Los de mi sangre no son modelo de abstinencia”, dijo en cierta oportunidad Fernando VII. Se refería, sin duda, a la sangre heredada de su madre, la italiana María Luisa de Parma, porque por vía paterna los Borbones españoles no habían dado especiales muestras de actividad sexual. A los treinta años comienzan sus correrías nocturnas que tanta popularidad le acarrearían en los barrios bajos de Madrid.

“Con su primera esposa pasó meses sin sexuales relaciones por no saber lo que tenía que hacer. Con la tercera, porque ella no lo sabía ni quería saberlo”.
Embozado, más para ser reconocido que para ocultarse, salía del palacio de Oriente por una casi secreta escalera, hasta hoy nombrada como “La Fernandina”, con la infaltable compañía del duque de Aragón, más conocido por Paquito de Córdoba, y su séquito de amigos, rumbo a los tugurios descubiertos por sus avisados “ojeadores”.
En busca de heredero
Pero era ya tiempo de pensar en otro matrimonio para asegurar la descendencia al trono. Tras descartar a varias posibles candidatas, entre ellas la gran duquesa Ana, hermana del zar Alejandro I, se decidió que la mejor solución era emparentar con Juan VI de Portugal —huido al Brasil para no caer en manos de Napoleón cuando éste ordenó invadir su reino—, casado con su hermana Carlota Joaquina.

La quinceañera y atractiva prima María Josefa, la tercera. Entre ambos debió intervenir el Papa.
Estos tenían dos hijas, por lo que se llegó al acuerdo de que Fernando VII se casaría con María Isabel de Braganza, y Carlos María Isidro con María Francisca. Fernando VII tuvo que hacer grandes esfuerzos para convencer a su hermano, que había hecho promesa de permanecer célibe, para que contrajese matrimonio. Si Carlos María Isidro hubiera persistido en su propósito España no hubiera sufrido las consecuencias de las sangrientas guerras carlistas. Finalmente, el 22 de febrero de 1816 se firmaron los contratos matrimoniales de ambos hermanos con sus sobrinas carnales.
Fernando VII ya rondaba los treinta y dos años. María Isabel contaba diecinueve, nacida en Lisboa, de cuerpo rollizo, ojos azules y saltones, nariz prominente, mofletuda, de boca pequeña y torcida que daba a su rostro una expresión bobalicona. La desgracia de Isabel es que vino más pobre que las ratas y el pueblo, que de todo se entera, la recibió con un rimado no precisamente cortés:
Fea, pobre y portuguesa
–¡Chúpate esa...!

Otra sobrina borbónica, María Cristina, la consorte que lo sobrevivió y le dio dos hijas.


Fernando VII no tuvo descendencia de María Isabel, pues la primera hija que ésta alumbró vivió sólo cinco meses y la segunda nació muerta.
María Isabel de Braganza y Borbón reinó apenas dos años y murió, como su antecesora, a los veintiún años de edad. Sin embargo, gracias a ella se creó el Museo del Prado que se convertiría, con los años, en una de las mejores pinacotecas del mundo. El cadáver de María Isabel reposa en el Panteón de los Infantes, junto a las otras soberanas que no dieron sucesión a la corona.
La muerte de María Isabel preocupó aún más a la corte española, que se inquietaba por la falta de un heredero. Fernando VII, avejentado por su vida de crápula, iba ya por los treinta y cuatro años en un tiempo en que las expectativas de vida no iban más allá de los cuarenta.
La elección de su tercera esposa recayó sobre María Josefa Amalia de Sajonia, de quince años de edad, hija del duque Maximiliano, primo hermano de Carlos IV, y de Carolina de Parma, hermana de María Luisa de Parma. Por lo tanto, la futura consorte de Fernando VII era prima segunda por vía paterna y prima hermana por vía materna.
María Josefa, educada en un convento desde los tres años sin ver ni tener noticias del mundo, había recibido una educación tan precaria que ni siquiera estaba preparada para cumplir con sus obligaciones de esposa. Tenía bello y espigado cuerpo, armónicas facciones y grandes y azules ojos.
Tal vez anoticiado de los encantos de su prometida, Fernando le envía numerosas y encendidas cartas de amor. Lo que no quita que en una de ellas le manifieste: “Yo estoy acostumbrado a fumar y así tendrás que aguantarlo al principio, pues pronto te acostumbrarás a ello”.
El matrimonio tuvo lugar en Madrid en los primeros días de agosto de 1819.
“Fernando VII perdió el trono, pero pronto fue restituido en él con la ayuda de la Santa Alianza. De este modo comienza su segundo período absolutista, llamado la Década Ominosa”.

Celebrada la misa de velaciones, Fernando VII se dispuso a consumar el matrimonio. Cuando comenzó a acariciarla, María Josefa, que no había sido informada de lo inevitable que era el acto sexual para perpetuar la especie, fue presa de un terror tan grande que terminó por orinarse (algunas crónicas aseguran que algo más), lo que obligó a Fernando a saltar del lecho vociferando por los corredores del palacio.
Con su primera esposa, quien sería el más absoluto de los reyes españoles pasó meses sin sexuales relaciones por no saber lo que tenía que hacer. Con la tercera, porque ella no lo sabía ni quería saberlo.
Al cabo de un tiempo durante el que se prolongó esta situación, Fernando toma una resolución extrema y más bien vergonzante: le escribe al Papa y, tras informarle de la situación (el Papa, naturalmente, ya la conocía), le pide que intervenga personalmente. Sea para persuadir a su esposa o para decretar la anulación del matrimonio.
El Papa escribe y la renuente no tiene más remedio que dejar de serlo. Eso sí, jamás aceptará los abrazos de su esposo sin antes rezar un rosario. El monarca, en los diez años que duró su matrimonio, rezaría más rosarios que en toda su vida.
Década ominosa
Paralelamente, durante el tiempo que ocupó este matrimonio, la suerte de Fernando VII se vio muy amenazada. El foco de la sublevación se centró en Cádiz, donde se hallaban acantonadas las tropas destinadas a sofocar los levantamientos de las colonias americanas. El golpe subversivo se vio favorecido por el disgusto que mostraban los soldados a ser embarcados y —al decir de Manuel Ríos Mazcarelle— por la labor de los agentes argentinos, que desembolsaron grandes sumas de dinero para evitar que las tropas llegasen al Río de la Plata y malograsen el movimiento separatista.
A fin de evitar el triunfo de la rebelión, Fernando VII se apresuró a jurar la Constitución de 1812, a la que le profesaba terrible inquina. A esta Constitución, por haber sido promulgada el 11 de marzo, día de San José, se la conocía vulgarmente por La Pepa, de ahí que gritar “¡Viva La Pepa!” era gritar “¡Viva la libertad!”.
La revolución ya tenía su bandera —por bordar una moriría fusilada María Pineda— y también tuvo su himno, el Himno de Riego, furiosamente anticlerical.
En medio de estos avatares Fernando VII perdió el trono circunstancialmente, pero fue prontamente restituido en él con la ayuda de la Santa Alianza.
De este modo comienza su segundo período absolutista, llamado la Década Ominosa. La muchedumbre lo aclamaba al grito de “¡Viva el rey absolutamente absoluto! ¡Vivan las cadenas!”.
Mientras esos sucesos ocurrían, la reina, con gran preocupación de todos —menos de Carlos María Isidro, que heredaría el trono de no haber descendencia real—, no daba señales de quedar embarazada. Algunos médicos sostenían que la causa era la macrosomía genital que padecía el rey, otros la atribuían a disfunciones orgánicas de la reina. Vanos fueron los remedios intentados, ni siquiera el viaje a Sacedón y a Solán de Cabras, a cuyas aguas se atribuían milagros de fertilidad, y que fuera financiado, curiosamente, por cinco obispos.
María Josefa no pudo, no obstante su empeño, dejar un heredero al trono, pues moría prematuramente en 1829, a los veinticinco años, en el palacio de Aranjuez, a causa de unas fiebres.

La hermosa sobrina
La tercera viudez de Fernando VII lo sorprende con cuarenta y cinco años y un cuadro clínico preocupante: gota, dolores de estómago, insuficiencia renal, hernia, escaso control de los intestinos y un alarmante temblor de manos. No obstante, el rey apuró la concertación de un cuarto matrimonio porque no deseaba dejar el trono en manos de su hermano y de su esposa, a la que detestaba.
Los “apostólicos”, que luego serían conocidos como “carlistas”, propusieron al rey una candidata alemana, pensando que sería más afín con sus ideas, pero Fernando VII, recordando lo que había sido su vida con la germana María Josefa Amalia, se opuso terminantemente con su célebre frase “¡No más rosarios, coño!”.

El rey Fernando VII (1,27 x1,04), óleo sobre tela
de autor anónimo. Este cuadro se encuentra en el salón Fernando VII, del Jockey Club.

Fue su cuñada Luisa Carlota, casada con el menor de sus hermanos, Francisco de Paula, la que sutilmente le sugirió al rey la idea de desposar a su sobrina carnal María Cristina de Borbón (casualmente, hermana de Luisa Carlota), de veintidós años de edad, hija de los reyes de Nápoles, Francisco I y la infanta María Isabel, hermana de Fernando VII. María Cristina era, a su vez, sobrina carnal de la primera esposa de Fernando, María Antonia.
El 11 de diciembre de 1829, a menos de siete de meses de la muerte de su tercera mujer, María Cristina hacía su entrada en Madrid. Más bien alta, esbelta, de hermoso pelo castaño, ojos oscuros y expresivos, muy brillantes, siempre sonriente y un cuerpo macizo que mostraba ondulaciones entonces muy apreciadas. La contemplación de su hermosa sobrina despertó en Fernando VII una pasión senil. La crónica palaciega recuerda que el rey convirtió esa noche de bodas en una noche de violación, tal era la furia de su incontenible apetito carnal.
A los dos meses de consumado el matrimonio se anunció el embarazo de la reina. Fernando VII, consciente del problema sucesorio que se iba a originar en caso de que naciera una niña, promulgó la Pragmática Sanción que derogaba la por otra parte en España nunca bien vista Ley Sálica, que impedía el ascenso de las mujeres al trono. Esta medida, naturalmente, mereció el inmediato repudio de Carlos María Isidro y sus partidarios.

El 10 de octubre de 1830, María Cristina daba a luz a una niña a la que se le impuso el nombre de María Isabel Luisa, la futura Isabel II.
La salud de Fernando VII iba declinando a tal punto que, en setiembre de 1832, se temió por su vida. Ante la inminencia de su muerte su esposa lo convenció de que revocara la Pragmática Sanción, pues prefería salvar la
vida de sus hijas que luchar por un trono tan problemático.
Pero, contra todo pronóstico, Fernando VII recobró el conocimiento y mejoró de sus dolencias. Una de sus primeras medidas fue anular el decreto que anulaba la Pragmática Sanción y, como consecuencia de ello, ante la reacción de su hermano y su cuñada, los condenó al destierro en los Estados Pontificios.
Sin embargo, su mejoría fue sólo temporaria. La hinchazón y deformidad de su cuerpo le producían una fláccida debilidad que lo sumió en un estado depresivo con pérdida de su capacidad intelectual, que nunca fue mucha.
El 21 de setiembre de 1833, a los cuarenta y nueve años de edad, moría Fernando VII de un fulminante ataque
de apoplejía. La rápida descomposición de su cuerpo obligó a exponerlo al público en un féretro herméticamente cerrado.
Terminaba el reinado de Fernando VII, que había convertido al país en un semillero de odios y rencores que perdurarían muchos años en el corazón de los españoles. El recuerdo que ellos le guardaron quedó reflejado en esta décima:
Murió el Rey y le enterraron
—¿De qué mal? —De apoplejía.
—¿Resucitará algún día
diciendo que le engañaron?
—Eso no, que le sacaron
las tripas y el corazón.
—Si esa bella operación
la hubieran ejecutado
antes de ser coronado
más valiera a la nación.
Bibliografía:
Artola, Miguel: Enciclopedia de Historia de España.
Balansó, Juan: Las cuatro mujeres de Fernando VII.
Cardel, Carlos: La Casa de Borbón en España.
Gigeó Aparicio, Manuel: España bajo la dinastía de los Borbones.
González Cremona, J.M.: Mis amores reales. La Casa de Borbón.
Coxe, Williams: España bajo el reinado de la Casa de Borbón.
Menéndez Pidal: Historia de España.
Pérez Galdós, Benito: Episodios Nacionales.
Quin, Michael: Memorias históricas sobre Fernando VII.
Ríos Mazcarelle, Manuel: Diccionario de los Reyes de España.
Villa Urrutia, Marqués de: Las mujeres de Fernando VII y La reina María Luisa.
Voltes, Pedro: Fernando VII. Vida y reinado.



1)En tu blog, haz una nueva entrada y resume la situación después de Fernando VII. Busca información de la línea sucesoria al trono y a quién le correspondió finalmente.
2) Busca información sobre la Ley Sálica y explícala con tus palabras
3) Diferencia entre REGENCIA y REINADO

4) Explica el origen de las Guerras Carlistas
5) Da tu opinión sobre la subida al trono de Isabel II y en quién busca apoyos políticos.

Y más escándalos...



REYES Y REINAS DE ESPAÑA | EDMUNDO FAYANÁS

La reina ninfómana, Isabel II de España

La vida de Isabel II se basa en una fiesta continua. Se acostaba a las cinco de la mañana y se levantaba a las tres de la tarde. Este modo de vida levantaba fuertes críticas en la sociedad española.

Isabel nació, el diez de octubre de 1830, en Madrid. Su padre era Fernando VII y su madre María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, que era la cuarta esposa del rey y  además era su sobrina carnal. En sus tres anteriores matrimonios no había tenido descendencia. Después de tener a Isabel II tuvo otra hija, la infanta Luisa Fernanda, que nació en 1832.
Sube al trono cuando todavía no había cumplido los tres años. Esto se produjo por el fallecimiento del rey en 1833 y por no haber tenido hijos varones. Fernando VII promulgó antes de fallecer la Pragmática Sanción, por lo cual se derogaba la Ley Sálica, que impedía a las mujeres acceder al trono. Este hecho provocó la sublevación del infante Carlos María Isidro de Borbón, que era hermano de Fernando VII y en consecuencia heredero al trono de España.

Retrato de Isabel II con la princesa de Asturias, Isabel, niña, de Franz Xavier Winterhalter (Palacio Real).
Este hecho marcó para siempre el reinado de Isabel II, puesto que los absolutistas se agruparon en torno a los derechos dinásticos del infante Carlos María, provocando las conocidas tres guerras carlistas, que ensangrentaron al país a lo largo del siglo XIX.
Como no tenía Isabel II edad para reinar, fue nombrada como Regente su madre, María Cristina de Borbón-Dos Sicilias que duró desde 1833 a 1840. A los dos meses de quedarse viuda y siendo ya regente en nombre de su hija tuvo un nuevo amante, Fernando Muñoz, que era sargento de la guardia real, dos años más joven que ella. A pesar de todos los intentos de ocultarla, fue en vano, pues cada año quedaba embarazada, lo que delataba ante la población una situación difícilmente justificable cuando seguía siendo viuda.
En las tabernas y conciliábulos del país se decía “La regente es una dama casada en secreto y embarazada en público”. Los carlistas enemigos de ella, popularizaron una copla alusiva:
Clamaban los liberales
Que la reina no paría
¡Y ha parido más muñecones
Que liberales había!
Ante los escándalos que había en la Corte, hace que sea sustituida por el primer espadón de la época, el general Espartero, hasta que éste fue obligado a abandonar el cargo a mediados de 1843. Con la finalidad de evitar una tercera Regencia, se adelantó la mayoría de edad de Isabel II a trece años.
SU EDUCACIÓN
La Regente María Cristina no se preocupó de la preparación educativa y política de su hija para el desempeño de tal alto cargo. Exclusivamente se dedicó a su nuevo amante. Isabel II careció de un ambiente familiar y de la afectividad de su madre, a todo ello hay que unirle la ausencia de una  educación adecuada y de una preparación política para una persona destinada a ser Reina de España.
Su educación además dependía de los vaivenes políticos, como ocurrió en 1841 cuando se produce un cambio radical cambiando  al preceptor. A ello hay que unir que con trece años es nombrada Reina de España, podemos entender como  fue fácil presa de la manipulación partidista e interesada
Tampoco el poder político, ya fueran los progresistas o moderados, se preocuparon de preparar a Isabel II, pues todos partían del principio básico, de que cuanto más ignorante permaneciera, mejor resultaría servirse de ella y de su cargo.
El preceptor mayor era Agustín Arguelles, su profesor general José Vicente Ventosa, su maestro de música, Francisco Frontela, también llamado Valldemosa y también formaba parte de los preceptores Salustiano Olózaga, hombre inteligente y que destacaba por su gran preparación jurídica. Recibió una educación basada en la formación doméstica, en la religión y el estudio del piano. Despojada de cualquier estudio humanístico y político.
Estos preceptores están en el inicio de las habilidades sexuales de Isabel II. José Vicente Ventosa fue expulsado de palacio por razones graves. Francisco Frontela, se le conocía como el amante de la reina y ésta le concedió la Cruz de Carlos III. Salustiano Olózaga fue el encargado de desflorarla y de iniciarla en los principios amorosos.
Isabel II tenía un carácter temperamental y apasionado, al mismo tiempo que mostraba una ardiente sensualidad probablemente heredada de su madre. Otro aspecto muy reseñable era su gran generosidad y su ánimo alegre y vivaraz, que hacía muy agradable su presencia.
Isabel II  se vio fácilmente manipulada por los intereses partidistas, tanto por sus familiares como por las camarillas cortesana y determinados políticos. Al mismo tiempo, se veía las dificultadles que tenía para cumplir de forma eficaz las funciones políticas que el sistema constitucional le confería.
De esta época podemos valorar la descripción que hace el conde de Romanones de Isabel II:
A los diez años Isabel resultaba atrasada, apenas si sabía leer con rapidez, la forma de su letra era la propia de las mujeres del pueblo, de la aritmética apenas sólo sabía sumar siempre que los sumandos fueran sencillos, su ortografía pésima. Odiaba la lectura, sus únicos entretenimientos eran lo juguetes y los perritos. Por haber estado exclusivamente en manos de los camaristas ignoraba las reglas del buen comer, su comportamiento en la mesa era deplorable, y todas esas características, de algún modo, la acompañaron toda su vida”.
Isabel II era una mujer con escasas cualidades intelectuales, como se puede comprobar en las Cartas que se conservan de la Reina en la Academia de la Historia de Madrid. podremos observar la simpleza de sus planteamientos.
SU MATRIMONIO
El ocho de noviembre de 1843, Isabel II es declarada mayor de edad con trece años. El primer problema que debe afrontar es del matrimonio. Este matrimonio se convierte no sólo en una cuestión de Estado sino en un problema europeo, pues lo que todos quieren es que no se rompa la actual situación de alianzas y equilibrios, que había en ese momento en Europa. Todos los países maniobran para que la nacionalidad del nuevo Rey no perjudicase sus alianzas e intereses.
Su madre María Cristina, plantea como marido al conde de Trapani, que era hermano de su madre y en consecuencia tío carnal. Francia plantea la candidatura del duque de Montpensier, que era hijo de Luis Felipe. También aspiraba el infante Enrique que era el segundo hijo de Francisco de Paula y de Luisa Carlota, hermana de su madre María Cristina, pero esta candidatura se vino abajo por su colaboración en el alzamiento carlista de Galicia.
Mientras sectores sociales españoles apoyan la idea de casarla con Carlos Luis de Borbón y Braganza, conde de Montemolín, hijo de Carlos María Isidro, el cual abdicó para facilitar el enlace, con lo que el problema dinástico se hubiera evitado, pero Isabel II no aceptó. Para ello contó con el apoyo de los liberales, y ahí está el origen de la segunda guerra carlista.
El general Narváez propuso a Francisco de Paula de las Dos Sicilias, conde de Trapani, pero este fue rechazo por los progresistas. La madre reina, María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, propone a Leopoldo de Sajonia-Coburgo-Saalfeld, que era pariente de la reina Victoria. Luis Felipe de Francia apoya la candidatura de cualquiera de sus dos hijos, Enrique de Orleans, duque de Aumale o de Antonio, duque de Montpensier, que acabó casándose con la hermana de Isabel II, la infanta Luisa Fernanda de Borbón.
Se celebra la conferencia de Eu, donde tanto  Francia como Inglaterra renuncian a que sus candidatos se casasen con Isabel II, por lo que se opta por Francisco de Asís de Borbón, que era considerado un hombre apocado y de poco carácter, que no iba a interferir en la política
Francisco de Asís de Borbón, hijo del Infante Francisco de Paula y de Luisa Carlota, era además primo hermano de Isabel. Esta elección satisfacía a todos los sectores políticos del país, porque lo consideraban un personaje políticamente inocuo y además se fundían en una sola las dos ramas reales.
La boda se celebró en Madrid, el 10 de octubre de 1846, cuando Isabel cumplía dieciséis años, siendo una boda doble pues también se casó su hermana Luisa Fernando de Borbón, que tenía catorce años con el príncipe Antonio de Orleans, duque de Montpensier e hijo menor de Luis Felipe I de Francia
La expresión que se oía esos días en España era: ¡Pobres niñas, condenadas a sendos matrimonios de conveniencia para salvar el trono!
Al conocer el nombre de su futuro marido, Isabel II se negó diciendo ¡No, con Paquita, no! Pero su madre María Cristina y una monja oscura, que estará presente en toda su vida, sor Patrocinio, le presionaron para que aceptara. Así el día antes del matrimonio Isabel II dijo a su madre: “He cedido como reina, pero no como mujer. Yo no he buscado a este hombre para que fuese mi marido; me lo han impuesto y no lo quería”.
Su noche de boda fue un fracaso. Es conocido el comentario que hace Isabel II al diplomático León y Castillo “que voy a decir de un hombre que en la noche de bodas llevaba en su camisa más bordados que yo en la mía”.
La presencia de Francisco de Asís enseguida levantó muchos dichos populares y se crearon numerosas coplas como la siguiente:
Isabelona / Tan frescachona / y don Paquita / tan mariquita
Desde el principio de su matrimonio ambos mostraron una mutua antipatía.   Francisco de Asís era homosexual, mientras que era conocida la escandalosa afición de la reina Isabel por los hombres.   Esto producía constante separaciones.   Son conocidas, como determinadas personas debían intermediar entre la pareja regia, como fue el general Narváez,  el confesor de la reina, el arzobispo Antonio María Claret y hasta el mismo Papa, Pío IX
SUS AMANTES
La vida de Isabel II se basa en una fiesta continua. Se acostaba a las cinco de la mañana y se levantaba a las tres de la tarde. Este modo de vida levantaba fuertes críticas en la sociedad española.
El primer amante oficial fue el general Serrano a quien Isabel II le calificaba “el general bonito”, y producía un auténtico escándalo porque la reina lo perseguía por todos los cuarteles de Madrid. Llegó a tal nivel el escándalo, que el ejército decidió trasladarlo fuera de Madrid.
Otros amantes reconocidos son el cantante José Mirall, cuya voz entusiasmaba a la reina. El conocido compositor Emiliano Arrieta, el coronel Gándara, también Manuel Lorenzo de Acuña, marqués de Bedma. Destaca el capitán José María Arana, conocido como ”el pollo Arana”, en esta relación hay una anécdota, que su marido Francisco de Asís, un día le dijo a la reina que tuviera cuidado con el pollo Arana, que le estaba poniendo los cuernos. Lo ascendió a coronel y le otorgó la Cruz Laureada de San Fernando.  Fruto de esa relación nació la infanta Isabel, que sería llamada popularmente la Araneja y también la Chata.
Otra relación también muy conocida fue con el capitán de ingenieros Enrique Puig Moltó conocido como “el pollo real”, que fue el padre de Alfonso XII, al que llamaron puigmolteño. Se dice que un día hablando Isabel con su hijo Alfonso XII de dijo “Hijo mío, la única sangre Borbón que corre por tus venas es la mía”.
Otro amante reconocido fue el general O´Donnell que había llegado al poder con la Vicalvarada, iniciándose un periodo histórico conocido como el bienio progresista, dirigido dicho gobierno por la Unión Liberal (1854-1856). O´Donnell se sintió atraído por Isabel II y ésta le respondía, cultivando un amor platónico, que aumenta su comprensión y confianza mutua. La diferencia de edad entre ambos, veintiún años no les importaba nada. Sin embargo, este entendimiento fue cambiando por la influencia conservadora, que ejercían sobre la Reina, el padre Claret y sor Patrocinio, conocida como la monja de las Llagas, que intentaban neutralizar las medidas liberales que el gobierno de O´Donnell tomaba sobre la Iglesia. Esto llevó, a que Isabel II humillara públicamente a O´Donnell, provocando su cese.
Cabe destacar la anécdota, de que en el año 1860, O´Donnell va a despedirse de Isabel II antes de iniciar una nueva guerra en Marruecos, la Reina le dice cariñosamente que si ella fuera hombre iría con él. Francisco de Asís que estaba presente, añadió “lo mismo te dijo O´Donnell, lo mismo te dijo”.
Otros amantes fueron el secretario Miguel Tenorio; el cantante Tirso Obregón; José de Murga y Reolid, marqués de Linares por concesión real; el gobernador de Madrid y posterior ministro de Ultramar, Carlos Marfori y Calleja, que le acompañará a París cuando se exilia por el triunfo de la Gloriosa de 1868. El capitán de artillería, José Ramón de la Puente.
Fruto de estas relaciones tuvo los siguientes hijos:
- El 20 de mayo de 1849 da a luz un varón fallecido en el parto, hijo del marqués de Bedmar.
- El 12 de julio de 1850 dio a luz un nuevo varón que falleció a los cinco minutos de nacer, enterrado en el Panteón de príncipes de El Escorial y que probablemente fuera hijo del rey consorte Francisco de Asís de Borbón.
- El 20 de diciembre de 1851, dio a luz a la infanta María Isabel Francisca de Asís, popularmente conocida como la Chata, princesa de Asturias, hasta el nacimiento de Alfonso XII, hija del capitán José Ruiz Arana.
- El 5 de enero de 1854, nace la infanta María cristina, muerta al poco de nacer y que fue enterrada en el Panteón de El Escorial, de padre desconocido.
- El 24 de noviembre de 1855, tuvo un aborto avanzado, tras haberse publicado en la Gaceta de Madrid el embarazo real, de padre no conocido.
- El 20 de junio de 1856, hay un nuevo aborto de padre no conocido.
- El 28 de noviembre de 1857; Alfonso, príncipe de Asturias y más tarde rey de España, era hijo del capitán de ingenieros Enrique Puig Moltó.   A punto de dar a luz al futuro Alfonso XII, la Reina pregunto al médico que la atendía Tomás Eustaquio del Corral y Oña, si la criatura sería varón o hembra. Le contestó “Varón”, por ello y en señal de agradecimiento  le nombró marqués del Real Acierto.
- El 26 de diciembre de 1859, da a luz a la infanta Concepción, muerta a los veintiún meses, hija del rey consorte.
- En el año 1861 tuvo a María del Pilar Berenguela fallecida a los dieciocho años.
- En el año 1862 tuvo a María de la Paz de Borbón y Borbón, que fue casada con Luis Fernando de Baviera.
- En el año 1864 tuvo a María Eulalia de Borbón y Borbón, duquesa de Galliera, fue casada con Antonio de Orleans y Borbón.
- En el año 1866 nació Francisco de Asís Leopoldo de Borbón y Borbón, fallecido a las pocas semanas de nacer.
EL REY FRANCISCO DE ASÍS
Mientras todo esto sucedía su marido Francisco de Asís y Borbón tuvo un amigo de por vida, Antonio Ramón Meneses, con el que convivió toda su vida. Ante los continuos amantes de Isabel II, los asumió con naturalidad. Por el reconocimiento de la paternidad de los hijos de Isabel II, recibía a cambio un millón de reales por hacer la presentación de cada uno de ellos.
Como dice Isabel Burdiel “casada a los dieciséis años con su primo Francisco de Asís, a quien aborrecía, Isabel II tuvo en ese marido a su más ferviente enemigo, el espía de todos sus actos, el deslegitimador de sus derechos al trono”.
Una copla popular decía de Francisco de Asís:
Gran problema es en las Cortes
Averiguar si el consorte
Cuando acude al excusado
Mea de pie o mea sentado
Destacaba por su capacidad de intrigar en las Cortes, su gusto por las conspiraciones, su tendencia a clericalizar el juego político mediante el apoyo a personajes oscuros de la Iglesia.   Debe destacarse el papel del confesor del rey, el padre Fulgencio y de sor Patrocinio, que ejercieron una nefasta influencia en las relaciones entre ambos cónyuges.
Francisco de Asís prefería el palacio segoviano de Rio Frío a la cercanía de su esposa en el Palacio Real de Madrid.    Ya en el exilio se instaló en Epinay retirado de la vida pública y dedicado a su afición a los libros y al coleccionismo de obras de arte, hasta que muere en 1902, dos años antes que la Reina
EL FINAL DE ISABEL II
El 28 de septiembre de 1868, se produce el levantamiento de la Gloriosa, encabezada por los generales Prim, Serrano y el almirante Topete que contó con un gran apoyo popular que cantaban el himno de Riego y gritaban ¡Mueran los Borbones! Y que en algunos momentos se convirtió en ¡Mueran los bribones!. Esto supuso la salida de Isabel II al exilio de París. Desde él, no dejó de conspirar e hizo todo lo posible para que su hijo Alfonso XII recuperara el trono, como así sucedió en el año 1874.
Isabel II muere el 16 de abril de 1904. El historiador conservador José Luis Comellas hace un retrato de Isabel II “Desenvuelta, castiza, plena de espontaneidad y majeza, en la que el humor y el rasgo amable se mezclan con la chabacanería y con la ordinariez, apasionada por la España cuya secular corona ceñía y también por sus amantes".
El escritor Valle Inclán en su obra “la corte de los milagros“ hace la siguiente descripción: “La Católica Majestad, vestida con una bata de ringorrangos, flamencota, herpética, rubiales, encendidos los ojos del sueño, pintados los labios como las boqueras del chocolate, tenía esa expresión, un poco manflota, de las peponas de ocho cuartos”.
Ya al final de su vida, Isabel II, en una entrevista con el escritor Benito Pérez Galdós le decía: “¿Qué había de hacer yo, jovencilla, reina a los catorce años, sin ningún freo a mi voluntad, con  todo el dinero a mano para mis antojos y para darme el gusto de favorecer a los necesitados, no viendo al lado mío más que personas que se doblaban como cañas, ni oyendo más voces de adulación que me aturdían ¿Qué había de hacer yo? Póngase en mi caso…
Así describia Pérez Galdós a Isabel II en 1902. “El reinado de Isabel II se irá borrando de la memoria, y los males que trajo, así como los bienes que produjo, pasarán sin dejar rastro. La pobre Reina, tan fervorosamente amada en su niñez, esperanza y alegría del pueblo, emblema de la libertad, después hollada, escarnecida y arrojada del reino, baja al sepulcro, sin que su muerte avive los entusiasmos ni los odios de otros días. Se juzgará su reinado con crítica severa: en él se verá el origen y el embrión de no pocos vicios de nuestra política; pero nadie niega ni desconoce la inmensa ternura de aquella alma ingenua, indolente, fácil a la piedad, al perdón, a la caridad, como incapaz de toda resolución tenaz y vigorosa. Doña Isabel vivió en perpetua infancia, y el mayor de sus infortunios fue haber nacido Reina y llevar en su mano la dirección moral de un pueblo, pesada obligación para tan tierna mano”.
Para Isabel Burdiel “Isabel II no fue una ninfómana; simplemente estuvo mal casada. Es cierto que tuvo muchos amantes, pero eso era habitual entre la aristocracia y la realeza de la época”. Sin embargo, para mí si fue una ninfómana y no valen excusas de justificación.
NOTA EXPLICATIVA
Tras la caída de la reina Isabel II y su posterior exilio a Francia, los hermanos Bécquer, Gustavo Adolfo Bécquer el poeta y Valeriano Domínguez Bécquer, firmaban bajo el pseudónimo de SEM, la obra “Los Borbones en pelotas” realizada entre los años 1868-1869, una serie de acuarelas de amplio contenido satírico y pornográfico
Esta obra consta de 107 originales, que nunca fue publicada pero circuló de forma clandestina. Esta obra fue descubierta en 1986 pero solo se conservan 89 ilustraciones. Todas las ilustraciones menos la primera corresponden a esta obra de los hermanos Bécquer

BIBLIOGRAFIA
Atienza, Juan G. “Isabel II: la reina caprichosa”. La esfera de los libros. Madrid. 2005
Burdiel, Isabel.  “Isabel II: un perfil inacabado”. 1998.
Burdiel, Isabel. “Isabel II. NO se puede gobernar inocentemente”. Espasa Calpe. Madrid. 2004.
Comellas, José Luis. “Isabel II. Una reina y un reinado”. Ariel, Barcelona. 1999.
José Luis, Comellas. “Política y administración de la España isabelina”. Narcea. Madrid. 1972.
Espadas Burgos, Manuel. “La España de Isabel II”. Historia 16. Madrid. 2004.
Fayanás Escuer,  Edmundo. “Isabelle II.Nymphomane couronnée”. Histoire point de vue, nº16.   Diciembre de 2013.  París.
Fontana, Josep. “La época del liberalismo”. Crítica-Marcial Pons. Barcelona. 2007.
González Doria, Fernando.  “Memorias de Isabel II”. Bitácora.  Madrid. 2010.
Granados Loureda, Juan Antonio. “Breve historia de los Borbones”. Ediciones Nowtilus. 2010.
Llorca, Carmen. “Isabel II y su tiempo”. Istmo. Alcoy. 1984.
La Blanchetai, Pierre H. “Isabelle II, reine d’Espagne”. Plon. París. 1934.
Luard, René. “Isabel II  de España”.  Juventud.  Barcelona. 1958.
Luz, Pierre de. “Isabel II, reina de España, 1830-1904”. Juventud. Barcelona. 1937.
Medio, Dolores. “Biografía de Isabel II”. Suc de Rivadeneira. Madrid. 1966.
Moreno Echeverria, J.M. “Isabel II, biografía de una España en crisis”. Ediciones 29. Madrid. 1973.
Pérez Garzón, J.S. “Isabel II: los espejos de una reina”. Marcial Pons. Madrid.  2004.
Puga, María Teresa. “El matrimonio de Isabel II en la política de su tiempo”. Aunsa. Pamplona. 1964.
Rico, Eduardo G. “La vida y la época de Isabel II”. Planeta. Barcelona. 1999.
Rueda, Germán. “Isabel II”. Arlanza. Madrid. 2001.
Vázque García.  “Figuras femeninas de la desviación sexual. España, 1850-1920”. Madrid. 2010.
Vilches, Jorge. “Isabel II. Imágenes de una reina”. Síntesis. Madrid.  2007.

HISTÓRICAMENTE SU REINADO FUE ASÍ (pulsa sobre este título)

En tu blog, después de haber leído cómo fue su reinado y como veía la sociedad a su monarca, saca tus conclusiones sobre el momento histórico como si fueras un  periodista y estuvieras haciendo tu columna periodística.

puedes ayudarte de este vídeo










No hay comentarios:

Publicar un comentario